jueves, febrero 15, 2018

Aves y ciudades

Cada año llegan a la ciudad millones de tordos cabeciamarillos (Xanthocephalus xanthocephalus). Tradicionalmente se han apostado en los encinos (antes sicomoros) del camellón frente a Plaza Galerías y en los pinos de la Deportiva, pintando las copas de negro y amarillo enmedio de un ruido sobrecogedor. Últimamente se acomodan también en cables de electricidad por Walmart Juventud y ayer vi una parvada de tamaño considerable en los árboles de dos casas en San Felipe, pero no pude tomarles foto porque los árboles estaban en los patios interiores y desde la calle no se distinguían en la cámara del teléfono.

No sé por qué, pero cada año cuando veo a los tordos cabeciamarillos me siento muy feliz.

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miércoles, enero 24, 2018

Canciones y tarareos

Conducía por el Periférico de la Juventud cuando comenzó a sonar. Era una de esas canciones que activan la sensación de que la conoces, que la has escuchado antes, que es tuya… a la vez que la desconoces y es absolutamente novedosa. Activar Shazam en el teléfono para identificarla era una posibilidad, pero yendo a ochenta kilómetros por hora en una vialidad sin altos la idea no era muy sensata, por lo que no me quedó de otra más que esperar a que terminara y que el locutor mencionara el título. Pero llegó el final y comenzaron los comerciales y ya nada se mencionó al respecto.

Cuando finalmente me detuve saqué mi teléfono, abrí Shazam y comencé a cantar. When they say repent… repent… repent… La aplicación respondió que no, que lo sentía pero no, que no podía reconocer temas cantados o tarareados por el usuario. Sintiéndome todo idiota, miré alrededor esperando que nadie me estuviera observando.

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sábado, enero 13, 2018

Tacos y burritos

La diferencia entre los tacos y los burritos es mucho más compleja que la mera elección de una tortilla de harina de maíz o una de harina de trigo, y obedece a cuestiones profundas que se incrustan hasta su misma conceptualización. Esta diferencia no es del todo clara para los extranjeros e incluso no muchos mexicanos la perciben en su totalidad.

Si recurrimos a una definición simplista de los términos “taco” y  “burrito”, en efecto encontraremos que uno se explica como el platillo en el que se coloca un guiso adentro de una tortilla de maíz, mientras que el otro es lo mismo pero en una tortilla de harina de trigo. Sin embargo, la génesis de cada platillo obedece a factores de corte pragmático diferentes. En el taco, la tortilla de maíz se asume como sustituto de los cubiertos, es el utensilio con el cual nos llevamos el guiso a la boca. Por su parte, la tortilla de harina de trigo del burrito no cumple las funciones de un cubiertos, sino que es un empaque para transportar el alimento. Entenderlo así es claro al pensar que los tacos no son un platillo que pueda consumirse –al menos fácilmente– caminando y que suelen prepararse en el momento en que se sirven, mientras que el burrito es una comida empacada que puede moverse cómodamente con quien lo consume y que puede confeccionarse horas o incluso días antes de comerse.

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miércoles, enero 10, 2018

Filas y escusados

Trabajaba llevando grupos de ancianos estadounidenses a recorrer el norte de México. Pensaba que los dólares que supuestamente ganaría eran mucho dinero y que nos servirían en casa más de lo que podría servir yo.

El señor y la señora Campbell eran muy altos, lo cual en los viejos se ve como fragilidad, como una mayor distancia que recorrer cuando caigan. La pareja ya me había preguntado cómo se decía drugstore en español y si podía anotarles en un papelito el nombre del Imodium mexicano. En una parada que hicimos –ya en Arizona– coincidimos dos autobuses con tripulación muy parecida. La fila para orinar en alguno de los tres mingitorios del baño de hombres era muy larga, y ahí estaban impacientes alrededor de cuarenta señores apretando las vejigas. Pero no el señor Campbell. Él estaba frente a todos, sentado en un escusado cuya cabina no tenía puerta, con los pantalones abajo y las manos huesudas aferradas a su rostro, gimiendo mientras descargaba el estómago ruidosamente.

He visto muchas cosas, pero esta es una de las más humillantes que pueda recordar.

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martes, enero 02, 2018

Pianos y alcohol

Clara. Querida Clara. Por favor dime, ¿cómo es que tu querido padre fuera mucho más listo que tú? Y Clara… querida Clara, ¿ahora qué vas a hacer? Tu única hija cayó en la pisteada. Es un drama familiar y ni siquiera tienes la habilidad para escribirlo porque papi se acabó toda la tinta, luego tomó la pluma y se fue de la ciudad.

Clara. Querida Clara. Ahora tu esposo se ha ido, dejando su piano en este cuarto de hotel. Así que tócalo, Clara. Recuerda, querida Clara, cómo solía tocar él para ti como una orquesta personal… Si tan sólo pudieras recordar la melodía. Clara. Recuérdala, Clara. Todo era armonioso, todo era melódico. Pero ahora eres una viuda solitaria y tu hija es alcohólica. La última del linaje (con una seguridad del 40 %). Como un amigo de tu papá casi dijo alguna vez: “La juventud está desperdiciada en los jóvenes”.

(Traducción de “Clara”, tema incluido en el seductor y conmovedor álbum Room 29 de Jarvis Cocker y Chilly Gonzalez).

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sábado, mayo 06, 2017

Palabras y condenas

El día que lo asaltaron nos contó que el ladrón le había dicho que venía armado. Unas semanas después nos contó que el ladrón le había mostrado la pistola que llevaba en la cintura. Unos meses después nos contó que el ladrón le había puesto la pistola contra la frente. Espero que deje de contar la historia o va a terminar muerto.

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sábado, noviembre 05, 2016

Mesas y oficinistas

Coloqué mi computadora y mi taza donde siempre lo hacía, en la mesa más grande del café, esa donde por las tardes cabíamos hasta seis personas con nuestros equipos, pero en la que por las mañanas solía estar yo solo. Poco después entró un tipo con traje azul marino y se acomodó en una esquina de la mesa. Su computadora marca Dell tenía una etiqueta con un código de barras y número de inventario. Saludé con un casi imperceptible movimiento de cabeza. Luego llegó otro oficinista casi idéntico y se colocó frente al primero con su computadora Dell etiquetada. Llegó luego otro. Y otro. Llegó también una hembra oficinista (así lo supe porque su traje azul marino en vez de pantalón tenía falda). En unos minutos estaba en medio de trajes azules, computadoras Dell y una conversación en la que anotaban nombres de médicos para ofrecerles incentivos y obsequios. Tomé mi computadora y mi café y me fui a otra mesa.

Buenos días, disculpa, sabes que vamos a tener una reunión y esperamos a más personas y, como puedes ver, sólo cabríamos en esta mesa, ¿sería mucha molestia si te pudieras acomodar en otra más chica?, te agradeceríamos mucho; pensé que yo hubiera dicho algo así.

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